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jueves, 23 de febrero de 2012

Secret City - Capítulo 2/2: Encuentros

- Buenos días Sr. Yang
- Buenos días Srta. Lee
- Dejé su correspondencia, los datos de la reunión de las 14:00 hrs. y su descafeinado sobre el escritorio, ¿Desea algo más?
- No señorita Lee, muchas gracias.


Cada mañana la señorita Lee me recibía con una sonrisa en su rostro. Sabía que era tan falsa como la mía pero era 10 veces más eficiente que yo y podía ordenar mi día de una manera formidable. Las cosas iban muy bien en la empresa y los años de cansancio estaban dando grandes frutos en lo económico.


Ya con 30 años en el cuerpo las cosas no son igual que antes, cuando solía vivir a todo pulmón pero siempre atento a las posibilidades, tomando cada oportunidad que se me presentaba. Hoy hago lo mismo pero con muchas más precauciones. Mi vida se volvió una eterna rutina de persecución en donde no podía confiar en nadie. Mis relaciones amorosas fallaron siempre en ese detalle: nunca me pude entregar por completo y las mujeres tienden a oler esas cosas.


Estaba cansado. Ya había trabajado lo suficiente para crear una base sólida en los negocios, para salir de una eterna esclavización y ser mi propio jefe. Conseguí superar a la competencia y ser el mejor de mi rubro, ganando fama internacional. Todo el mundo me respetaba. Sin embargo, el amor nunca había sido mi fuerte, ninguna mujer había tocado mi corazón.


Aquella experiencia que viví a los 20 con un hombre me había marcado para siempre. Nunca más fue suficiente el sexo con una mujer, nunca me conformó por completo y también nunca más me atreví a repetir la experiencia con ningún otro. Él había sido una experiencia hermosa, placentera e inolvidable y por aquel motivo siempre supe que la persona con la que repetiría ese acto, sería con él, con nadie más.


Los años pasaron y nunca más me pude volver a encontrar con él. Lo busqué muchas veces, semanas enteras caminé por la bahía buscando su rastro y no lo pude volver a ver. Contraté un par de personas especializadas y nada. Finalmente tomé aquella experiencia como la de un ángel que me había enseñado a amar y que nunca volvería a mi vida. Vendí la casa en la playa luego que mi madre falleciera y mi hermano Leo viajó a Estados Unidos a estudiar, se quedó allá y pretende casarse con una latina residente en el país yankee. Mi vida, mi vida fue trabajar.


Srta. Lee, por favor recuérdeme a las 13:30 hrs. La dirección del restaurant de la reunión. Tengo que salir por un momento.


No se preocupe señor Yang, le enviaré un mensaje de texto.- Necesitaba despejar mi mente. El llenar mi cabeza con pensamientos de Lee Joon se había convertido en una mala costumbre. Aunque no podía recordar con detalles lo que sucedió aquella noche, si podía recordar su nombre y la infinitud de sensaciones extraordinarias que me recorrían la mente cada vez que pronunciaba su nombre. Tomé los apuntes que había escrito minuciosamente mi secretaria y me dirigí hacia el estacionamiento.


El viento resoplando en mi cara gracias a la velocidad que adquiría mi automóvil y el café bajando por mi garganta en el tradicional local de mi antiguo barrio eran los dos más efectivos evasores de la realidad que tenía. Debía concentrarme y mis más célebres negocios los había conseguido combinando esas dos cosas. Tenía que conseguir mi liberación final a través de este contrato, significaría la completa estabilidad para mi empresa y para mi. Permitiría darme otras merecidas vacaciones, ir a citas y encontrar a una mujer que me acompañe el resto de mi vida, ya había hecho las entrevistas necesarias en una agencia y habían al menos 3 chicas que calzaban con el perfil que buscaba. Una solución rápida a los rumores que rondaban acerca de mi. “Plan de Fusión Empresas Yang & J Entertaintment” rezaba el título de mi escape, mi vía de libertad programada, el fin de mi vida laboral, mi único pasatiempo por más de 15 años.


Suena mi celular. Un mensaje de texto: “Sr. Yang: Su reunión comenzará en 30 minutos. Es en el restaurant Secret City, frente al Teatro Deluxe. Lo estará esperando el Sr. Bang en la puerta.” Se refería a mi amigo Mir, Bang CheolDong era su verdadero nombre. Con el paso de los años se había convertido en un abogado espectacular y simplemente no pude sacármelo de encima. Sin embargo, sus 'malas costumbres' eran un secreto a voces y varios socios tenían extrañas teorías sobre nuestra relación laboral. A pesar de esto, Mir jamás había insinuado algo más allá de lo estrictamente profesional o amistoso entre los dos, quizás porque sabía que eso era mucho más valioso que la atracción sexual que, estaba seguro, pudo alguna vez sentir por mi.



Yang! El señor Lee está por llegar! Apresúrate, ven por aquí- Mir me tomó por el brazo y tiró de él, adentrándome en el restaurante – Es una persona muy seria, lo más probable es que demore un poco en revisar los documentos que sus abogados me presenten. Por favor, trata de mantenerlo ocupado mientras los leo. Ya revisé el menú, está todo arreglado. Lo único que debes hacer es asentir a las recomendaciones del mesero y pedir el segundo vino que te ofrezca, tú ya sabes cómo hacerlo.


Está bien Mir, no te preocupes de esas cosas, no era necesario. Abócate a tu profesión y deja de hacer las de organizador de eventos, no te queda.- Acaricié su cabeza bruscamente y no pude evitar sonreír cuando observé sus mejillas sonrojadas y su cara de frustración por llamarle por su apodo, una mala costumbre que nunca pude erradicar, a pesar de su molestia. Me agradaba hacerlo enojar.


Déjate de estupideces y concéntrate, llegará en cualquier momento.- Apartó con un manotazo mi brusca muestra de aprecio y de la nada cambió su mirada.- Compórtate, ahí viene. Me giré e hice una venia con la cabeza para saludar a mi futuro socio y a su comitiva. Pude ver, sin levantar mi vista cómo se posicionaba junto a dos personas más en la mesa, respondiendo a mi saludo. Levanté la cabeza, feliz por su acto de cortesía y educación. Estoy seguro que el tiempo se detuvo, mis ojos observaron un ser que pareció ir rápidamente de una sonrisa acogedora a una mirada de completo desconcierto, al igual que mi rostro. Por un momento pensé que me estaba enfrentando a un espejo, con la diferencia que él era cien, no... mil, un millón de veces más hermoso que mi reflejo. Su rostro descompuesto era maravilloso a pesar de todo.


- Seung... Ho – pronunció, cayendo sobre el asiento. Juraría que su blanca tez se volvió aún más pálida, casi transparente.

- Po... por favor se... sentémonos.- Pensé en cosas malas, en algo que me distrajera de su mirada.- Señor Lee, es un gusto poder conocerlo. Él es mi abogado, el Señor Bang. Ya supongo que averigüó sobre mi. Veo que recuerda muy bien mi nombre.- Es la peor frase que pude haber elegido, me arrepentí al momento de pronunciarla. Simplemente apareció en mis labios, se coló en mi lengua pasando por alto años de filtros protocolares ensayados. Por supuesto las únicas personas que tenían consciencia del significado de aquella última frase éramos nosotros dos, los amantes que hace más de 10 años se habían encontrado observando el océano.

- Veo que usted también recuerda perfectamente mi nombre. Su rostro me parece muy familiar, será un agrado hacer negocios con usted. Por favor Sr. Smith, entréguele los papeles al señor Bang.- Sus ojos parecieron relajarse, me observaba calmado pero directamente a los míos. Me intimidaba, no paraba de analizar cada movimiento que hacía. Cambió su menú al menos 3 veces y discutió algunos detalles con mi abogado. Yo me limité a comer con malísimas ganas y beber todo lo que él me ofrecía. Poco a poco sentí cómo las piernas comenzaban a flaquearse.- Vaya! Creo que hemos bebido demasiado. ¿Debería llamar a su chofer?

- Yo... yo manejo mi propio vehículo. No se preocupe.

- Es un buen bebedor. Me alegro de haber hecho negocios con usted y habernos encontrado.- Se sonrojó.- Sr Smith, usted estaría ocupado esta noche con su esposa. Vaya rápido a casa.

- Muchas gracias señor Lee. Arreglaremos todos los detalles mañana Sr. Bang

- Por supuesto!

- Es tarde también para nosotros, terminemos aquí la reunión y que nuestros abogados vean los detalles mañana, ¿está de acuerdo Sr. Jo... Lee?- Mis sentidos me traicionaban, lo único que quería era largarme de ese lugar, no saber más del maldito negocio y viajar a otro país, lejos de toda esta mierda. Me apresuré demasiado al levantarme y lo único que conseguí fue irme de golpe al suelo, definitivamente ya no era el veinteañero de antaño, pero mi afición a los golpes no la había perdido. Sentí unos fuertes brazos agarrar mi cuerpo antes de impactarse contra las baldosas negras del Secret City.

- Una sensación de eterno agradecimiento hizo que sonriera a Bang, pero cuando me di cuenta que no era él quien me sostenía, el miedo me invadió y mi cuerpo respondió convulsionándose con un vomito sobre su chaqueta Alexander McQueen. Quise morir justo en ese instante. Como un niño de 10 años mi reacción fue simplemente dejarme caer y fingir un desmayo. Cerré los ojos y aquellos brazos me levantaron en el aire y me llevaron dentro de un auto, a los asientos traseros. Luego de algunos minutos sentí conversaciones a lo lejos, cada vez más lejanas hasta que caí en los brazos de Morfeo producto del alcohol en mis venas.



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- Hasta que por fin abres esos ojos Bella Durmiente.- No estaba en mi departamento, ni en el de Mir. Observé que sólo llevaba puestos los pantalones y estaba recostado bajo una sábana de seda negra. Dirigí la mirada hacia la fuente de aquella voz tan familiar. Venía de un cuarto que parecía ser el baño. Observé hacia el lado contrario. Las cortinas reflejaban que aún no había amanecido. Me levanté y a duras penas llegué hasta el baño. Al observar a mi interlocutor no pude evitar caer de culo al suelo.


Lee me miraba sonriendo de oreja a oreja, con esa sonrisa picarona que recordaba tan bien. Los recuerdos del pasado fueron haciendo mella en mi mente hasta que un hilo de sangre me hizo volver a la realidad. Ahora Lee... Joonie tocaba con sus dedos indice y corazón mis ojos, cerrándolos. Rozó con lo que pienso era una toallita mi nariz y la limpió. Se posó sobre mi , lo sentía arriba mío y sólo pude tratar de alejarme de él recostándome completamente sobre el suelo.

Mi mente repetía una y otra vez que huyera de ahí. Que tomara mis cosas y corriera lo más rápido posible. Debo haber dado esa orden a mis piernas unas cientos de veces. Les dije a mis brazos que empujaran el cuerpo de Lee lejos de mi. Le grité a mi nariz que dejara de oler. Le rogué a mi cuerpo que no dejara que sintiera las gotas de agua de su cabello deslizarse sobre mis pectorales. Les lloré a mis ojos que se abrieran y no reconocieran a mi agresor. Ninguno de ellos respondió mis órdenes, parecían ignorarme, atarse a unos hilos invisibles y responder a todo lo que Joonie les ordenaba.


Tomó mis brazos y los alzó sobre mi cabeza, mientras los agarraba con una mano el dedo índice de la otra recorría desde la punta de mis dedos hasta posarse en mis labios y finalmente terminó jugueteando con mis abdominales. Inmediatamente pude sentir su lengua saboreando mis pectorales, subiendo por mi cuello, dibujando cada rincón de mi cara hasta encontrarse con mi lengua. Se preocupó de reconocerla, de pelear con ella mientras mi cabeza empujaba hacia él para tratar de recuperar el control. Otra vez perdí. Sujetó con fuerza mi nuca y me obligó a sentarme, posándose cómodamente sobre mis piernas, en posición contraria. Lo abracé, abrí mis ojos y lo reconocí, era él. Mi Joonie.

Lo empujé sobre la cama y como dos locos luchamos por besarnos, por acariciarnos, por poseernos. Reíamos, ansiosos de tenernos, felices de reencontrarnos. Lloramos, desesperados por la pasión que nos desbordaba.


- Seung... Ho, te extrañaba. Sigues... siendo tan torpe...

- Joonie... ahhh! ¿Por qué apareciste otra vez?.- Lo besé. Se montó arriba mío y pude ver cómo se meneaba de aquella manera tan sexy, la misma que recordaba. Los años no pasaban por él. Apretó mi ya endurecido miembro entre sus manos.- Sigues... ahhh! Sigues siendo... tan deseable.

- Nunca conocí a nadie como a ti.

- Ni... yo... ahhhh! Nun... nunca aah! olvidé ese noche Joonie...- Sus ojos parecieron destellar. Simplemente se dejó caer en mi entrepierna provocandome un grito excepcional de placer.

- Procuraré... ehhhh... recompensate por.... eso... - Sus caderas se movían perfectamente, logrando que me retorciera de felicidad. Mi cuerpo reconocía tan bien el suyo. Éramos uno sólo, como dos amantes destinados, mis movimientos encajaban perfectamente con los suyos, adivinándolos, anteponiéndose a lo que nos produjera el máximo placer posible. Nos besamos como dos locos, Saboreábamos nuestros cuerpos, nos observábamos. Quise que aquel momento nunca acabara y ya que no podía inmortalizarlo, quise hacerlo tan inolvidable como el anterior. Giré en el aire su cuerpo, sin separarlo de mi y cambié nuestras posiciones.

- Ahora creo que el rudo seré yo. ¿Estás listo?- Sorprendido, comprendió inmediatamente el mensaje y me proporcionó su mirada más lujuriosa.

- Siempre estoy listo para ti, siempre lo he estado.- Lo embestí tantas veces que perdí la cuenta. Junto a cada golpe, sentía cómo mi pene profundizaba más y más en su organismo. Con mi mano libre me dediqué a proporcionar placer a su miembro. Su cuerpo se retorcía, agradecido. Ahora eran gotas de mi propio sudor las que cubrían su aún perfecta contextura. La recordaba perfectamente. Esperé que él se sorprendiera con la mía, ejercitada durante mis años de espera. Distaba mucho de la antigua y flacida que él se había encontrado aquella noche. Corroboré mis deseos cuando me percaté que nunca dejó de acariciar o besar mis pectorales o mis abdominales.

- Me voy! Ahhhh Seung... Ho... ahhh!.- Yo mismo no sería capaz de aguantar mucho más. Su presemen corría por mis manos sin embargo no pude soportarlo más y me alejé de su cuerpo completamente. El abrió los ojos sorprendido y pudo verme observando su miembro endurecido. Le sonreí y me apronté a hacer el acto más humillante y a la vez placentero que he realizado en mi vida. Lamí su masculinidad y la introduje en mi boca, observando cómo reía como un loco. Apretaba con fuerza las sábanas y me observaba, dando pequeños retortijones de placer de vez en cuando. Cuando aumenté la intensidad, acercó sus manos a mi cabeza, acariciándola y dejando caer su espalda sobre el colchón de la cama. Lamí sus testículos sin dejar de rozar con mis manos su pene con fuerza. Me atrevería a afirmar que sus gemidos se escucharon al menos unas 5 cuadras a la redonda, ni la más apasionada de mis amantes me había proporcionado un espectáculo así, aunque nunca había tenido sexo oral con alguna de ellas. Cuando fui por su punta con mis manos, pude ver cómo escurría un montón de semen por él. Caí desfallecido sobre su abdomen.


Luego de unos 20 minutos de descanso, se acercó a mi y me invitó a seguirlo a la ducha. Nos acariciamos y él terminó el trabajo conmigo. Me limpió, lo besé, el agua parecía caer como un testigo más de nuestra pasión. Secamos nuestra piel bajo el mismo juego. Saltó sobre mis brazos, frente a mi rostro y nos recostamos abrazados en la cama. Fue la mejor noche de mi vida, después de aquella en la que nos conocimos. Nos dormimos mirando nuestros rostros, agotados.

viernes, 17 de febrero de 2012

Secret City - Capítulo 1/2: Brisa Marina

No había tomado vacaciones hace más de 3 años. La verdad es que poco y nada me atraía el hacerlo. No tenía motivos para parar de producir algo que no fuera mi más profunda felicidad hasta ahora: el dinero. Ese bien tan preciado que me permitía costear ciertos gustos, los cuales eran fundamentales para soportar mi estrés acumulado por el trabajo. Finalmente si, se trataba de un círculo vicioso.

- Mira! El Mar! El Maaaar!!! - No paraba de gritar Leo, mi hermano pequeño. Era primera vez que íbamos a la costa todos juntos y la segunda que él observaba el océano.

- Deja de armar tanto espectáculo y siéntate de una vez, vamos a tener un accidente- chillé, enojadísimo por sus constantes gritos en mi oído.

- Ya no molestes a tu hermano, es sólo un niño! Leo, siéntate y deja que tu hyung conduzca tranquilo.- Replicó mi madre. Observé por el espejo retrovisor cómo el duendecillo me mostraba su lengua y con su índice empujaba hacia abajo su ojera derecha.

Teníamos una pequeña cabaña cercana a la playa. Era uno de los pequeños gustos que me había dado luego de mi primer trabajo como profesional. Mi mamá tenía un tanto ahorrado y entre los dos quisimos cumplir un deseo que antes jamás habríamos considerado. Pasamos por tiempos difíciles luego de que mi padre falleciera, tantos que supongo que a eso se debe mi interés sobrehumano por los bienes materiales.

La verdad es que soy un consumista compulsivo. Tiendo a comprar 'pequeños gustos' por internet y por telecompras. Muchas veces son cosas que regalo o que no saco de su envoltura original. Un gasto inútil para algunos, una necesidad de desahogo para mí. Por suerte, la cabaña en la playa era una de las adquisiones a las que le sacaba más provecho, sobretodo para apostar fichas con alguna conquista en una escapadilla romántica.

Apenas llegamos, mi hermano corrió a su habitación. Saludé a la persona que cuidaba mi casa mientras no estábamos ahí y comencé a desempacar. Pasamos un buen día recordando mi infancia, jugando con la arena y también aproveché de golpear un poco a mi hermano pequeño. No hay nada como sacarse un poco los años de encima y disfrutar como un niño bajo el regazo y la mirada atenta de una madre.

- Voy a salir, veré si cambió un poco la noche en la ciudad.

- Cuídate mucho, ¿bueno?

- No te preocupes, sé cómo cuidarme.- Cerré la puerta echando un pequeño vistazo hacia atrás, viendo con un poco de ternura cómo mi hermano dormía plácidamente en los brazos de mi mamá, recostado en el sofá. Sin embargo, lo que buscaba esa noche no era precisamente el calor familiar, quería darle un poco de acción a mi aburrida y trabajólica vida.

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Comienzo a caminar por la orilla de la bahía, esperando encontrar algún grupo al que unirme. No debería costarme demasiado, tengo varios amigos en esta ciudad debido a mis esporádicas escapadas románticas. En mi bolso llevo cigarillos, un poco de dinero y un pack de ron con bebida negra. Luego de 1 hora de caminar por entre los roqueríos decido rendirme y enciendo un porrro que recordé traer en el fondo de mi mochila. Exahusto me dejo caer sobre una roca semi-lisa y miro hacia el mar.

- Hey! - gritó alguien muy exaltado. Me asusté tanto que terminé con un piedra clavada en mi trasero y una mano doblada detrás de mi espalda. Mientras trataba de incorporarme sentí unos pasos apurados acercándose desde donde había provenido el grito.

- Pero qué mier...- me silencié. Una tez blanca como la nieve se había aproximado peligrosamente a mi rostro, preocupada. Me observaba de arriba hacia abajo, a un lado y a otro sin un orden aparente. Hurgueteaba con sus manos tratando de buscar alguna herida en mi cuerpo y yo sólo atiné a observarlo, quieto.

- Menudo golpe te haz llevado, trata de levantarte.- dijo aquel rostro inhumano. No podía moverme y, sin embargo, no me dolía nada. No estaba consciente de lo que hacía. Seguramente me golpeé en la cabeza. Me llevé la mano a la mollera y comprobé por desgracia que no estaba rota. Mis ojos se centraron en los labios de aquel ser. Eran brillantes, húmedos y rosados, podía ver cómo danzaban en perfecta sintonía con sus ojos. Quise tocarlos, rozarlos al menos... eran perfectos.- ¿Te sientes bien? ¿Puedes oírme?

- Si, lo... lo siento.

- Seguramente te haz golpeado la cabeza con el golpe... aunque por tu rostro supongo que no puedes concentrarte por esa mierda que estabas fumando. ¿No sabes que las drogas son malas para el organismo? Ven, trata de levantarte.- Me sostuvo entre sus brazos y con mucha delicadeza, logró que me sentara a su lado. Conversamos.

- Soy un mal educado, no nos hemos presentado, mi nombre es SeungHo. ¿Cómo te llamas tú?- Sacudió su mano en su pantalón, estiró su brazo y colocó su cabello tras la oreja izquierda, dejándome profundizar la visión en su rostro. Sonrió.

- Mi nombre es Lee Joon; sin embargo, quiero que sólo recuerdes dos cosas sobre mi: la primera es que nunca intentes indagar sobre mi vida y la segunda es que jamás olvides esta noche.- Apuntó a la luna. La observé y pude percatarme que aquel hombre era muy diferente al resto que había conocido. Mientras observaba aquel redondo y blanco satélite noté el parecido que tenía con mi compañero y sonreí. Fue entonces cuando lo sentí.

Un calor emanaba de él, una atmósfera extraña comenzó a fluir entre los dos y noté cómo me observaba. Girando mi cabeza hacia él, cerré los ojos y el fuego que lo rodeaba me consumió a mi también. Sus fuertes brazos rodearon mi nuca y mi espalda y me obligaron a girar completamente. Junto con él mi estrés, mis preocupaciones y mucho de pudor se fueron, se quemaron. Esa noche sentí cómo a través de sus caricias podría olvidarme de todo lo que me rodeaba y dejar de preocuparme un rato de las deudas acumuladas por mis compras, de la depresión de mi madre, de la enfermedad de mi hermano, de la presión de mi jefe. Simplemente me dejé llevar.

Joonie (así decidí llamarle) terminó por fumar el porro completo y los dos nos adentramos en los roqueríos, donde el reventar de las olas permitían que el más aguerrido quejido no encontrara espectador posible. Supo exactamente dónde tocarme, dónde besarme y dónde morder. Instintivamente fui encontrando los puntos precisos en los que debía concentrar mis caricias y lograr que se estremeciera.

Nunca había tenido una experiencia tan ajena a mi heterosexualidad. Muchos de mis conocidos me tildaban de homofóbico. Uno de ellos, Mir, solía ser muy meloso (nunca sabré si de broma o no) y se cargaba a mi espalda cada vez que me veía. Mis reacciones a su animosidad nunca eran muy buenas: terminaba adolorido en el piso o con su espalda fuertemente golpeada en la pared. Era conocido por ser muy casanova y jamás se me había cruzado la idea de besar siquiera a un hombre. Todos mis esquemas los rompió Lee Joon aquella noche.

No sabía qué hacer y él me guió completamente, aunque en muchas ocasiones nuestra pasión completó los espacios que no alcanzaba a aclararme. Tomó con sus fuertes pero delicadas manos mi barbilla y la tiraba hacia su boca constantemente jugeteando una y otra vez con un vaivén que me extasiaba. Nuestras lenguas peleaban un sitio el cuál dominar y las ansias nos dominaban por completo, haciendo caso omiso de las restricciones que alguna vez pudimos leer o conocer. Nos devoramos el uno al otro como si no existiera un mañana. Mis labios se estremecían cada vez que él miraba desde abajo cómo rozaba su piel en un intento desesperado por poseerlo, mientras nuestra respiración tenía un compás propio y el sudor se confundía con el rocío del mar.

Besé sin ningún tipo de pudor su cuerpo húmedo, desde su frente hasta sus pantorrillas deseándolo como la más hábil de las féminas. No pude resistir el rose de su miembro en mi pecho y me decidí a tocarlo sin más, frotándolo con torpeza entre mis dedos. Me miró fijamente y con una pequeña sonrisa en su rostro guió mi mano con delicadeza, con una clara autoridad y amago de experiencia. Su rostro reflejó una mirada tan lujuriosa que mi pene se endureció tanto o más que el suyo.

- Puedo notar.... ahhh! tus...uuhh nervios- gimoteó, arqueando su espalda hacia atrás. Yo lamí mis labios y, continuando el movimiento me aproximé para devorar su boca. Se alejó de mi, juguetón. Lo observé y mis manos se detuvieron cuando él retuvo mi mentón, obligándome a observarle – Me parece que tu compañero está un poco ansioso, deja que me prepare para él.- sentenció.

Sin más preámbulos, tomó una de mis manos y lamió mis dedos succionándolos, mirándome de una manera tan sensual que mi exitación aumentó como nunca, sólo gracias a su provocación. Rapidamente guió mi mano hacia su trasero y con un dedo buscó su entrada. Lo moví dentro de él y conforme se iba relajando introduje el segundo y luego el tercero. Pude ver claramente cómo se estremecía de dolor con el último, pero luego una sonrisa totalmente llena de picardía salvaguardó mi preocupación.

- Est... estoy listo.- Se alzó sobre las rodillas, abrazándome. Podía sentirle la respiración agitada luego de mi torpe lubricación. Continuaba mirándome con unos ojos que parecían devorar cada extracto de mi piel y cada vez me ponía más nervioso y más exitado a la vez. Tomó mi miembro entre su mano y sin aviso lo introdujo en su cuerpo. Esa había sido la sensación más sensacional que había sentido en años: una mezcla perfecta entre dolor, placer y miedo.

- Jamás me olvidaré de esta noche.- Le confesé. La escena que habíamos montado jamás podría sacarla de mi mente, al menos estaría rondando por un largo, larguísimo tiempo. Estaba seguro de eso y no dudé en decírselo, merecía aquel reconocimiento al menos por haber desecho mis problemas en un instante.

- Yo... tampoco.- Y una lágrima rodó por su mejilla, sus ojos cambiaron desde los de un animal completamente indomable y deseoso a un niño sumiso y pensativo. El cambio hizo que detuviera el vaivén de mis caderas pero en una fracción de segundo Joonie volvió a su estado anterior con aún más fuerza, recobrando vigor y pasión en mi. Me dio la espalda, manteniéndose en mi interior y observando nuestros cuerpos comenzó a menearse mirando con atención cómo el descontrol se apoderaba de mi, ocupando todos mis pensamientos. Su cabello se mecía como una sonata increíblemente compuesta, danzaba con cada embestida que le propinaba y mi cuerpo reconocía cada gemido suyo como parte de él.

Ese día tuve el mejor sexo que he tenido en la vida y fue un claro efecto de las drogas, puesto que ni en el peor de los casos me habría atrevido a mantener relaciones sexuales con alguien desconocido, en la playa a vista de cualquiera y él era un hombre, Joonie.