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jueves, 23 de febrero de 2012

Secret City - Capítulo 2/2: Encuentros

- Buenos días Sr. Yang
- Buenos días Srta. Lee
- Dejé su correspondencia, los datos de la reunión de las 14:00 hrs. y su descafeinado sobre el escritorio, ¿Desea algo más?
- No señorita Lee, muchas gracias.


Cada mañana la señorita Lee me recibía con una sonrisa en su rostro. Sabía que era tan falsa como la mía pero era 10 veces más eficiente que yo y podía ordenar mi día de una manera formidable. Las cosas iban muy bien en la empresa y los años de cansancio estaban dando grandes frutos en lo económico.


Ya con 30 años en el cuerpo las cosas no son igual que antes, cuando solía vivir a todo pulmón pero siempre atento a las posibilidades, tomando cada oportunidad que se me presentaba. Hoy hago lo mismo pero con muchas más precauciones. Mi vida se volvió una eterna rutina de persecución en donde no podía confiar en nadie. Mis relaciones amorosas fallaron siempre en ese detalle: nunca me pude entregar por completo y las mujeres tienden a oler esas cosas.


Estaba cansado. Ya había trabajado lo suficiente para crear una base sólida en los negocios, para salir de una eterna esclavización y ser mi propio jefe. Conseguí superar a la competencia y ser el mejor de mi rubro, ganando fama internacional. Todo el mundo me respetaba. Sin embargo, el amor nunca había sido mi fuerte, ninguna mujer había tocado mi corazón.


Aquella experiencia que viví a los 20 con un hombre me había marcado para siempre. Nunca más fue suficiente el sexo con una mujer, nunca me conformó por completo y también nunca más me atreví a repetir la experiencia con ningún otro. Él había sido una experiencia hermosa, placentera e inolvidable y por aquel motivo siempre supe que la persona con la que repetiría ese acto, sería con él, con nadie más.


Los años pasaron y nunca más me pude volver a encontrar con él. Lo busqué muchas veces, semanas enteras caminé por la bahía buscando su rastro y no lo pude volver a ver. Contraté un par de personas especializadas y nada. Finalmente tomé aquella experiencia como la de un ángel que me había enseñado a amar y que nunca volvería a mi vida. Vendí la casa en la playa luego que mi madre falleciera y mi hermano Leo viajó a Estados Unidos a estudiar, se quedó allá y pretende casarse con una latina residente en el país yankee. Mi vida, mi vida fue trabajar.


Srta. Lee, por favor recuérdeme a las 13:30 hrs. La dirección del restaurant de la reunión. Tengo que salir por un momento.


No se preocupe señor Yang, le enviaré un mensaje de texto.- Necesitaba despejar mi mente. El llenar mi cabeza con pensamientos de Lee Joon se había convertido en una mala costumbre. Aunque no podía recordar con detalles lo que sucedió aquella noche, si podía recordar su nombre y la infinitud de sensaciones extraordinarias que me recorrían la mente cada vez que pronunciaba su nombre. Tomé los apuntes que había escrito minuciosamente mi secretaria y me dirigí hacia el estacionamiento.


El viento resoplando en mi cara gracias a la velocidad que adquiría mi automóvil y el café bajando por mi garganta en el tradicional local de mi antiguo barrio eran los dos más efectivos evasores de la realidad que tenía. Debía concentrarme y mis más célebres negocios los había conseguido combinando esas dos cosas. Tenía que conseguir mi liberación final a través de este contrato, significaría la completa estabilidad para mi empresa y para mi. Permitiría darme otras merecidas vacaciones, ir a citas y encontrar a una mujer que me acompañe el resto de mi vida, ya había hecho las entrevistas necesarias en una agencia y habían al menos 3 chicas que calzaban con el perfil que buscaba. Una solución rápida a los rumores que rondaban acerca de mi. “Plan de Fusión Empresas Yang & J Entertaintment” rezaba el título de mi escape, mi vía de libertad programada, el fin de mi vida laboral, mi único pasatiempo por más de 15 años.


Suena mi celular. Un mensaje de texto: “Sr. Yang: Su reunión comenzará en 30 minutos. Es en el restaurant Secret City, frente al Teatro Deluxe. Lo estará esperando el Sr. Bang en la puerta.” Se refería a mi amigo Mir, Bang CheolDong era su verdadero nombre. Con el paso de los años se había convertido en un abogado espectacular y simplemente no pude sacármelo de encima. Sin embargo, sus 'malas costumbres' eran un secreto a voces y varios socios tenían extrañas teorías sobre nuestra relación laboral. A pesar de esto, Mir jamás había insinuado algo más allá de lo estrictamente profesional o amistoso entre los dos, quizás porque sabía que eso era mucho más valioso que la atracción sexual que, estaba seguro, pudo alguna vez sentir por mi.



Yang! El señor Lee está por llegar! Apresúrate, ven por aquí- Mir me tomó por el brazo y tiró de él, adentrándome en el restaurante – Es una persona muy seria, lo más probable es que demore un poco en revisar los documentos que sus abogados me presenten. Por favor, trata de mantenerlo ocupado mientras los leo. Ya revisé el menú, está todo arreglado. Lo único que debes hacer es asentir a las recomendaciones del mesero y pedir el segundo vino que te ofrezca, tú ya sabes cómo hacerlo.


Está bien Mir, no te preocupes de esas cosas, no era necesario. Abócate a tu profesión y deja de hacer las de organizador de eventos, no te queda.- Acaricié su cabeza bruscamente y no pude evitar sonreír cuando observé sus mejillas sonrojadas y su cara de frustración por llamarle por su apodo, una mala costumbre que nunca pude erradicar, a pesar de su molestia. Me agradaba hacerlo enojar.


Déjate de estupideces y concéntrate, llegará en cualquier momento.- Apartó con un manotazo mi brusca muestra de aprecio y de la nada cambió su mirada.- Compórtate, ahí viene. Me giré e hice una venia con la cabeza para saludar a mi futuro socio y a su comitiva. Pude ver, sin levantar mi vista cómo se posicionaba junto a dos personas más en la mesa, respondiendo a mi saludo. Levanté la cabeza, feliz por su acto de cortesía y educación. Estoy seguro que el tiempo se detuvo, mis ojos observaron un ser que pareció ir rápidamente de una sonrisa acogedora a una mirada de completo desconcierto, al igual que mi rostro. Por un momento pensé que me estaba enfrentando a un espejo, con la diferencia que él era cien, no... mil, un millón de veces más hermoso que mi reflejo. Su rostro descompuesto era maravilloso a pesar de todo.


- Seung... Ho – pronunció, cayendo sobre el asiento. Juraría que su blanca tez se volvió aún más pálida, casi transparente.

- Po... por favor se... sentémonos.- Pensé en cosas malas, en algo que me distrajera de su mirada.- Señor Lee, es un gusto poder conocerlo. Él es mi abogado, el Señor Bang. Ya supongo que averigüó sobre mi. Veo que recuerda muy bien mi nombre.- Es la peor frase que pude haber elegido, me arrepentí al momento de pronunciarla. Simplemente apareció en mis labios, se coló en mi lengua pasando por alto años de filtros protocolares ensayados. Por supuesto las únicas personas que tenían consciencia del significado de aquella última frase éramos nosotros dos, los amantes que hace más de 10 años se habían encontrado observando el océano.

- Veo que usted también recuerda perfectamente mi nombre. Su rostro me parece muy familiar, será un agrado hacer negocios con usted. Por favor Sr. Smith, entréguele los papeles al señor Bang.- Sus ojos parecieron relajarse, me observaba calmado pero directamente a los míos. Me intimidaba, no paraba de analizar cada movimiento que hacía. Cambió su menú al menos 3 veces y discutió algunos detalles con mi abogado. Yo me limité a comer con malísimas ganas y beber todo lo que él me ofrecía. Poco a poco sentí cómo las piernas comenzaban a flaquearse.- Vaya! Creo que hemos bebido demasiado. ¿Debería llamar a su chofer?

- Yo... yo manejo mi propio vehículo. No se preocupe.

- Es un buen bebedor. Me alegro de haber hecho negocios con usted y habernos encontrado.- Se sonrojó.- Sr Smith, usted estaría ocupado esta noche con su esposa. Vaya rápido a casa.

- Muchas gracias señor Lee. Arreglaremos todos los detalles mañana Sr. Bang

- Por supuesto!

- Es tarde también para nosotros, terminemos aquí la reunión y que nuestros abogados vean los detalles mañana, ¿está de acuerdo Sr. Jo... Lee?- Mis sentidos me traicionaban, lo único que quería era largarme de ese lugar, no saber más del maldito negocio y viajar a otro país, lejos de toda esta mierda. Me apresuré demasiado al levantarme y lo único que conseguí fue irme de golpe al suelo, definitivamente ya no era el veinteañero de antaño, pero mi afición a los golpes no la había perdido. Sentí unos fuertes brazos agarrar mi cuerpo antes de impactarse contra las baldosas negras del Secret City.

- Una sensación de eterno agradecimiento hizo que sonriera a Bang, pero cuando me di cuenta que no era él quien me sostenía, el miedo me invadió y mi cuerpo respondió convulsionándose con un vomito sobre su chaqueta Alexander McQueen. Quise morir justo en ese instante. Como un niño de 10 años mi reacción fue simplemente dejarme caer y fingir un desmayo. Cerré los ojos y aquellos brazos me levantaron en el aire y me llevaron dentro de un auto, a los asientos traseros. Luego de algunos minutos sentí conversaciones a lo lejos, cada vez más lejanas hasta que caí en los brazos de Morfeo producto del alcohol en mis venas.



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- Hasta que por fin abres esos ojos Bella Durmiente.- No estaba en mi departamento, ni en el de Mir. Observé que sólo llevaba puestos los pantalones y estaba recostado bajo una sábana de seda negra. Dirigí la mirada hacia la fuente de aquella voz tan familiar. Venía de un cuarto que parecía ser el baño. Observé hacia el lado contrario. Las cortinas reflejaban que aún no había amanecido. Me levanté y a duras penas llegué hasta el baño. Al observar a mi interlocutor no pude evitar caer de culo al suelo.


Lee me miraba sonriendo de oreja a oreja, con esa sonrisa picarona que recordaba tan bien. Los recuerdos del pasado fueron haciendo mella en mi mente hasta que un hilo de sangre me hizo volver a la realidad. Ahora Lee... Joonie tocaba con sus dedos indice y corazón mis ojos, cerrándolos. Rozó con lo que pienso era una toallita mi nariz y la limpió. Se posó sobre mi , lo sentía arriba mío y sólo pude tratar de alejarme de él recostándome completamente sobre el suelo.

Mi mente repetía una y otra vez que huyera de ahí. Que tomara mis cosas y corriera lo más rápido posible. Debo haber dado esa orden a mis piernas unas cientos de veces. Les dije a mis brazos que empujaran el cuerpo de Lee lejos de mi. Le grité a mi nariz que dejara de oler. Le rogué a mi cuerpo que no dejara que sintiera las gotas de agua de su cabello deslizarse sobre mis pectorales. Les lloré a mis ojos que se abrieran y no reconocieran a mi agresor. Ninguno de ellos respondió mis órdenes, parecían ignorarme, atarse a unos hilos invisibles y responder a todo lo que Joonie les ordenaba.


Tomó mis brazos y los alzó sobre mi cabeza, mientras los agarraba con una mano el dedo índice de la otra recorría desde la punta de mis dedos hasta posarse en mis labios y finalmente terminó jugueteando con mis abdominales. Inmediatamente pude sentir su lengua saboreando mis pectorales, subiendo por mi cuello, dibujando cada rincón de mi cara hasta encontrarse con mi lengua. Se preocupó de reconocerla, de pelear con ella mientras mi cabeza empujaba hacia él para tratar de recuperar el control. Otra vez perdí. Sujetó con fuerza mi nuca y me obligó a sentarme, posándose cómodamente sobre mis piernas, en posición contraria. Lo abracé, abrí mis ojos y lo reconocí, era él. Mi Joonie.

Lo empujé sobre la cama y como dos locos luchamos por besarnos, por acariciarnos, por poseernos. Reíamos, ansiosos de tenernos, felices de reencontrarnos. Lloramos, desesperados por la pasión que nos desbordaba.


- Seung... Ho, te extrañaba. Sigues... siendo tan torpe...

- Joonie... ahhh! ¿Por qué apareciste otra vez?.- Lo besé. Se montó arriba mío y pude ver cómo se meneaba de aquella manera tan sexy, la misma que recordaba. Los años no pasaban por él. Apretó mi ya endurecido miembro entre sus manos.- Sigues... ahhh! Sigues siendo... tan deseable.

- Nunca conocí a nadie como a ti.

- Ni... yo... ahhhh! Nun... nunca aah! olvidé ese noche Joonie...- Sus ojos parecieron destellar. Simplemente se dejó caer en mi entrepierna provocandome un grito excepcional de placer.

- Procuraré... ehhhh... recompensate por.... eso... - Sus caderas se movían perfectamente, logrando que me retorciera de felicidad. Mi cuerpo reconocía tan bien el suyo. Éramos uno sólo, como dos amantes destinados, mis movimientos encajaban perfectamente con los suyos, adivinándolos, anteponiéndose a lo que nos produjera el máximo placer posible. Nos besamos como dos locos, Saboreábamos nuestros cuerpos, nos observábamos. Quise que aquel momento nunca acabara y ya que no podía inmortalizarlo, quise hacerlo tan inolvidable como el anterior. Giré en el aire su cuerpo, sin separarlo de mi y cambié nuestras posiciones.

- Ahora creo que el rudo seré yo. ¿Estás listo?- Sorprendido, comprendió inmediatamente el mensaje y me proporcionó su mirada más lujuriosa.

- Siempre estoy listo para ti, siempre lo he estado.- Lo embestí tantas veces que perdí la cuenta. Junto a cada golpe, sentía cómo mi pene profundizaba más y más en su organismo. Con mi mano libre me dediqué a proporcionar placer a su miembro. Su cuerpo se retorcía, agradecido. Ahora eran gotas de mi propio sudor las que cubrían su aún perfecta contextura. La recordaba perfectamente. Esperé que él se sorprendiera con la mía, ejercitada durante mis años de espera. Distaba mucho de la antigua y flacida que él se había encontrado aquella noche. Corroboré mis deseos cuando me percaté que nunca dejó de acariciar o besar mis pectorales o mis abdominales.

- Me voy! Ahhhh Seung... Ho... ahhh!.- Yo mismo no sería capaz de aguantar mucho más. Su presemen corría por mis manos sin embargo no pude soportarlo más y me alejé de su cuerpo completamente. El abrió los ojos sorprendido y pudo verme observando su miembro endurecido. Le sonreí y me apronté a hacer el acto más humillante y a la vez placentero que he realizado en mi vida. Lamí su masculinidad y la introduje en mi boca, observando cómo reía como un loco. Apretaba con fuerza las sábanas y me observaba, dando pequeños retortijones de placer de vez en cuando. Cuando aumenté la intensidad, acercó sus manos a mi cabeza, acariciándola y dejando caer su espalda sobre el colchón de la cama. Lamí sus testículos sin dejar de rozar con mis manos su pene con fuerza. Me atrevería a afirmar que sus gemidos se escucharon al menos unas 5 cuadras a la redonda, ni la más apasionada de mis amantes me había proporcionado un espectáculo así, aunque nunca había tenido sexo oral con alguna de ellas. Cuando fui por su punta con mis manos, pude ver cómo escurría un montón de semen por él. Caí desfallecido sobre su abdomen.


Luego de unos 20 minutos de descanso, se acercó a mi y me invitó a seguirlo a la ducha. Nos acariciamos y él terminó el trabajo conmigo. Me limpió, lo besé, el agua parecía caer como un testigo más de nuestra pasión. Secamos nuestra piel bajo el mismo juego. Saltó sobre mis brazos, frente a mi rostro y nos recostamos abrazados en la cama. Fue la mejor noche de mi vida, después de aquella en la que nos conocimos. Nos dormimos mirando nuestros rostros, agotados.

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