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viernes, 17 de febrero de 2012

Secret City - Capítulo 1/2: Brisa Marina

No había tomado vacaciones hace más de 3 años. La verdad es que poco y nada me atraía el hacerlo. No tenía motivos para parar de producir algo que no fuera mi más profunda felicidad hasta ahora: el dinero. Ese bien tan preciado que me permitía costear ciertos gustos, los cuales eran fundamentales para soportar mi estrés acumulado por el trabajo. Finalmente si, se trataba de un círculo vicioso.

- Mira! El Mar! El Maaaar!!! - No paraba de gritar Leo, mi hermano pequeño. Era primera vez que íbamos a la costa todos juntos y la segunda que él observaba el océano.

- Deja de armar tanto espectáculo y siéntate de una vez, vamos a tener un accidente- chillé, enojadísimo por sus constantes gritos en mi oído.

- Ya no molestes a tu hermano, es sólo un niño! Leo, siéntate y deja que tu hyung conduzca tranquilo.- Replicó mi madre. Observé por el espejo retrovisor cómo el duendecillo me mostraba su lengua y con su índice empujaba hacia abajo su ojera derecha.

Teníamos una pequeña cabaña cercana a la playa. Era uno de los pequeños gustos que me había dado luego de mi primer trabajo como profesional. Mi mamá tenía un tanto ahorrado y entre los dos quisimos cumplir un deseo que antes jamás habríamos considerado. Pasamos por tiempos difíciles luego de que mi padre falleciera, tantos que supongo que a eso se debe mi interés sobrehumano por los bienes materiales.

La verdad es que soy un consumista compulsivo. Tiendo a comprar 'pequeños gustos' por internet y por telecompras. Muchas veces son cosas que regalo o que no saco de su envoltura original. Un gasto inútil para algunos, una necesidad de desahogo para mí. Por suerte, la cabaña en la playa era una de las adquisiones a las que le sacaba más provecho, sobretodo para apostar fichas con alguna conquista en una escapadilla romántica.

Apenas llegamos, mi hermano corrió a su habitación. Saludé a la persona que cuidaba mi casa mientras no estábamos ahí y comencé a desempacar. Pasamos un buen día recordando mi infancia, jugando con la arena y también aproveché de golpear un poco a mi hermano pequeño. No hay nada como sacarse un poco los años de encima y disfrutar como un niño bajo el regazo y la mirada atenta de una madre.

- Voy a salir, veré si cambió un poco la noche en la ciudad.

- Cuídate mucho, ¿bueno?

- No te preocupes, sé cómo cuidarme.- Cerré la puerta echando un pequeño vistazo hacia atrás, viendo con un poco de ternura cómo mi hermano dormía plácidamente en los brazos de mi mamá, recostado en el sofá. Sin embargo, lo que buscaba esa noche no era precisamente el calor familiar, quería darle un poco de acción a mi aburrida y trabajólica vida.

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Comienzo a caminar por la orilla de la bahía, esperando encontrar algún grupo al que unirme. No debería costarme demasiado, tengo varios amigos en esta ciudad debido a mis esporádicas escapadas románticas. En mi bolso llevo cigarillos, un poco de dinero y un pack de ron con bebida negra. Luego de 1 hora de caminar por entre los roqueríos decido rendirme y enciendo un porrro que recordé traer en el fondo de mi mochila. Exahusto me dejo caer sobre una roca semi-lisa y miro hacia el mar.

- Hey! - gritó alguien muy exaltado. Me asusté tanto que terminé con un piedra clavada en mi trasero y una mano doblada detrás de mi espalda. Mientras trataba de incorporarme sentí unos pasos apurados acercándose desde donde había provenido el grito.

- Pero qué mier...- me silencié. Una tez blanca como la nieve se había aproximado peligrosamente a mi rostro, preocupada. Me observaba de arriba hacia abajo, a un lado y a otro sin un orden aparente. Hurgueteaba con sus manos tratando de buscar alguna herida en mi cuerpo y yo sólo atiné a observarlo, quieto.

- Menudo golpe te haz llevado, trata de levantarte.- dijo aquel rostro inhumano. No podía moverme y, sin embargo, no me dolía nada. No estaba consciente de lo que hacía. Seguramente me golpeé en la cabeza. Me llevé la mano a la mollera y comprobé por desgracia que no estaba rota. Mis ojos se centraron en los labios de aquel ser. Eran brillantes, húmedos y rosados, podía ver cómo danzaban en perfecta sintonía con sus ojos. Quise tocarlos, rozarlos al menos... eran perfectos.- ¿Te sientes bien? ¿Puedes oírme?

- Si, lo... lo siento.

- Seguramente te haz golpeado la cabeza con el golpe... aunque por tu rostro supongo que no puedes concentrarte por esa mierda que estabas fumando. ¿No sabes que las drogas son malas para el organismo? Ven, trata de levantarte.- Me sostuvo entre sus brazos y con mucha delicadeza, logró que me sentara a su lado. Conversamos.

- Soy un mal educado, no nos hemos presentado, mi nombre es SeungHo. ¿Cómo te llamas tú?- Sacudió su mano en su pantalón, estiró su brazo y colocó su cabello tras la oreja izquierda, dejándome profundizar la visión en su rostro. Sonrió.

- Mi nombre es Lee Joon; sin embargo, quiero que sólo recuerdes dos cosas sobre mi: la primera es que nunca intentes indagar sobre mi vida y la segunda es que jamás olvides esta noche.- Apuntó a la luna. La observé y pude percatarme que aquel hombre era muy diferente al resto que había conocido. Mientras observaba aquel redondo y blanco satélite noté el parecido que tenía con mi compañero y sonreí. Fue entonces cuando lo sentí.

Un calor emanaba de él, una atmósfera extraña comenzó a fluir entre los dos y noté cómo me observaba. Girando mi cabeza hacia él, cerré los ojos y el fuego que lo rodeaba me consumió a mi también. Sus fuertes brazos rodearon mi nuca y mi espalda y me obligaron a girar completamente. Junto con él mi estrés, mis preocupaciones y mucho de pudor se fueron, se quemaron. Esa noche sentí cómo a través de sus caricias podría olvidarme de todo lo que me rodeaba y dejar de preocuparme un rato de las deudas acumuladas por mis compras, de la depresión de mi madre, de la enfermedad de mi hermano, de la presión de mi jefe. Simplemente me dejé llevar.

Joonie (así decidí llamarle) terminó por fumar el porro completo y los dos nos adentramos en los roqueríos, donde el reventar de las olas permitían que el más aguerrido quejido no encontrara espectador posible. Supo exactamente dónde tocarme, dónde besarme y dónde morder. Instintivamente fui encontrando los puntos precisos en los que debía concentrar mis caricias y lograr que se estremeciera.

Nunca había tenido una experiencia tan ajena a mi heterosexualidad. Muchos de mis conocidos me tildaban de homofóbico. Uno de ellos, Mir, solía ser muy meloso (nunca sabré si de broma o no) y se cargaba a mi espalda cada vez que me veía. Mis reacciones a su animosidad nunca eran muy buenas: terminaba adolorido en el piso o con su espalda fuertemente golpeada en la pared. Era conocido por ser muy casanova y jamás se me había cruzado la idea de besar siquiera a un hombre. Todos mis esquemas los rompió Lee Joon aquella noche.

No sabía qué hacer y él me guió completamente, aunque en muchas ocasiones nuestra pasión completó los espacios que no alcanzaba a aclararme. Tomó con sus fuertes pero delicadas manos mi barbilla y la tiraba hacia su boca constantemente jugeteando una y otra vez con un vaivén que me extasiaba. Nuestras lenguas peleaban un sitio el cuál dominar y las ansias nos dominaban por completo, haciendo caso omiso de las restricciones que alguna vez pudimos leer o conocer. Nos devoramos el uno al otro como si no existiera un mañana. Mis labios se estremecían cada vez que él miraba desde abajo cómo rozaba su piel en un intento desesperado por poseerlo, mientras nuestra respiración tenía un compás propio y el sudor se confundía con el rocío del mar.

Besé sin ningún tipo de pudor su cuerpo húmedo, desde su frente hasta sus pantorrillas deseándolo como la más hábil de las féminas. No pude resistir el rose de su miembro en mi pecho y me decidí a tocarlo sin más, frotándolo con torpeza entre mis dedos. Me miró fijamente y con una pequeña sonrisa en su rostro guió mi mano con delicadeza, con una clara autoridad y amago de experiencia. Su rostro reflejó una mirada tan lujuriosa que mi pene se endureció tanto o más que el suyo.

- Puedo notar.... ahhh! tus...uuhh nervios- gimoteó, arqueando su espalda hacia atrás. Yo lamí mis labios y, continuando el movimiento me aproximé para devorar su boca. Se alejó de mi, juguetón. Lo observé y mis manos se detuvieron cuando él retuvo mi mentón, obligándome a observarle – Me parece que tu compañero está un poco ansioso, deja que me prepare para él.- sentenció.

Sin más preámbulos, tomó una de mis manos y lamió mis dedos succionándolos, mirándome de una manera tan sensual que mi exitación aumentó como nunca, sólo gracias a su provocación. Rapidamente guió mi mano hacia su trasero y con un dedo buscó su entrada. Lo moví dentro de él y conforme se iba relajando introduje el segundo y luego el tercero. Pude ver claramente cómo se estremecía de dolor con el último, pero luego una sonrisa totalmente llena de picardía salvaguardó mi preocupación.

- Est... estoy listo.- Se alzó sobre las rodillas, abrazándome. Podía sentirle la respiración agitada luego de mi torpe lubricación. Continuaba mirándome con unos ojos que parecían devorar cada extracto de mi piel y cada vez me ponía más nervioso y más exitado a la vez. Tomó mi miembro entre su mano y sin aviso lo introdujo en su cuerpo. Esa había sido la sensación más sensacional que había sentido en años: una mezcla perfecta entre dolor, placer y miedo.

- Jamás me olvidaré de esta noche.- Le confesé. La escena que habíamos montado jamás podría sacarla de mi mente, al menos estaría rondando por un largo, larguísimo tiempo. Estaba seguro de eso y no dudé en decírselo, merecía aquel reconocimiento al menos por haber desecho mis problemas en un instante.

- Yo... tampoco.- Y una lágrima rodó por su mejilla, sus ojos cambiaron desde los de un animal completamente indomable y deseoso a un niño sumiso y pensativo. El cambio hizo que detuviera el vaivén de mis caderas pero en una fracción de segundo Joonie volvió a su estado anterior con aún más fuerza, recobrando vigor y pasión en mi. Me dio la espalda, manteniéndose en mi interior y observando nuestros cuerpos comenzó a menearse mirando con atención cómo el descontrol se apoderaba de mi, ocupando todos mis pensamientos. Su cabello se mecía como una sonata increíblemente compuesta, danzaba con cada embestida que le propinaba y mi cuerpo reconocía cada gemido suyo como parte de él.

Ese día tuve el mejor sexo que he tenido en la vida y fue un claro efecto de las drogas, puesto que ni en el peor de los casos me habría atrevido a mantener relaciones sexuales con alguien desconocido, en la playa a vista de cualquiera y él era un hombre, Joonie.

3 comentarios:

  1. Mona weonaaaaa!!! me encantó! Joon gay sexual sensual u////////u uke no primerizo hizo lo que quiso con ese Seungho u///u me encantó ♥ sé que va dedicado a mi xDDD

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  2. Que chico mas malo!!!! Seungho!!!! >///////< , y Joon!!! OMFG!!! que osado!!!! *----* , me gusto el Fic!! espero leerte nuevamente!!

    Matta Nee~~♥

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  3. Tocayaa me encanto, estuvo algo Hot el Fic!!... Creeme si tenia frio ahora creo que ya se me quito hahaha! Pero quedo muy bien♥....

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